¡Una comadrona ha sido mamá!

Hace mucho que no os explico nada, he estado un poco ocupada con mi niña :)

Me gustaría explicaros como ha sido su nacimiento, no va a ser algo como “un ratito de dolores y ya está” porque eso sería edulcorar todo un proceso largo y maravilloso.

Estuvimos 24 horas con contracciones, no fue algo increíble ni inaguantable ni horroroso simplemente fue así  y lo vivimos como fue pasando. Al empezar a las 12 de la noche (las contracciones poco dolorosas pero cada 10 minutos) implicó que ya no dormimos, cada diez minutos me levantaba de la cama y, cogida a la cajonera, movía la pelvis. A medida que avanzaba la noche mi marido empezó a hacerme masaje lumbar para sobrellevar cada contracción que se acortaron cada siete minutos y después cada cinco.

Y fueron pasando las horas y llegaron las diez de la mañana, recuerdo una contracción que me dobló porque no pude llegar a cogerme en ningún sitio, mi marido me sostuvo y a partir de ahí las contracciones se volvieron más intensas aunque se espaciaron otra vez.

Parecía un ciclo, tenía un par de horas de contracciones cada cinco minutos y entonces una contracción mucho más intensa marcaba un nuevo ciclo: contracciones más dolorosas pero espaciadas cada diez minutos hasta que volvían a ser cada cinco minutos. Hicimos este ciclo tres veces.

Como buena primeriza fui al hospital y me enviaron para casa. Jajaja, después de todos estos años y de explicar mil veces cuando hay que ir al hospital… ¡me envían a casa! Ya eran las tres de la tarde y estuvimos cinco horas más en casa. Lo hicimos todo: pelota, bañera, masajes, comer, dormir (cada cinco minutos me levantaba del sofá, pero en cuanto pasaba la contracción me sentaba y me quedaba dormida hasta la siguiente)

A las siete de la tarde ingresé en sala de partos y me pusieron la epidural, a partir de ahí fue sin dolor, pero no sin sensaciones. En cuatro horas noté su cabeza apretando mucho y en veinte minutos  nuestra niña estaba con nosotros.

Cuando salieron los hombros la cogí y me la puse encima. Eso desencadenó como media hora de “subidón” hormonal maravilloso. Yo estaba en trance, sólo podía mirarla y llorando decir “que guapa es, está bien, ¿la ves?…que guapa es, está bien…” Es como si ese rato no hubiera nada más que ella encima mío y mi marido a mi lado. Había leído sobre la cascada hormonal, el enamoramiento…pero la intensidad de la emoción me sobrepasó por completo. Fue maravilloso.

Su nacimiento no ha sido corto, ni fácil pero sí que ha sido la mejor experiencia de nuestras vidas y, por supuesto, pasaríamos mil veces por el proceso con tal de tenerla cogida en mi brazo izquierdo mientras tecleo estas palabras con la mano derecha.

No os voy a desear una horita corta, os deseo que podáis vivir esta experiencia sin miedo y que al día siguiente lo expliquéis con una sonrisa en los labios. 

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